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robert salami

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Siempre que mi hermano salía con su esposa de fiesta o de paseo y sabiendo que me quedaba en casa sola, sus hijos me acompañaban, dos maravillosos sobrinos que terminaban la educación escolar. Eran dos chicos muy lindos y muy traviesos. Jugaba toda clase de juegos con ellos, en verdad me alegraban y entretenían mucho; al terminar de divertirnos nos acostábamos cansados, a veces en la misma cama, una cama grande donde estábamos los tres y veíamos cómodamente la televisión, otras en nuestros cuartos que se hallaban divididos por una pared.

Notaba que mis sobrinos se estaban encariñando mucho conmigo, deseaban pasar muchos momentos a mi lado y por ser mis únicos sobrinos no iba a ser menos, yo también disfrutaba de su compañía. Cansada siempre dormía profundamente a su lado porque sabía que estaban cerca de mí, por si algo llegara a presentarse, y no me daba cuenta lo que sucedía a mi alrededor. Una de esas noches desperté porque sentí cosquillas sobre mi cuerpo, no abrí los ojos, para sentir que era lo que estaba sucediendo en mi habitación; sentí que mi falda subía porque sentía el correrse la faldita sobre mis muslos, sentí que una mano presionaba sobre mi coño como palpándolo, como queriendo saber cómo es. Luego de unos minutos sentí que mi falda volvía a bajar y dejaban de palparme el coño. Esperé unos minutos más y abrí los ojos y supuestamente desperté, alegre y cariñosa, preguntándole sobre la película que estaban mirando, notando entre ellos miradas cómplices sobre la travesura que habían hecho y de la cual yo no tenía idea, según ellos.

En uno de esos días que estaba con ellos, nos divertimos temprano, me vestí con una faldita corta y debajo de ella un tanga diminuto casi transparente, un pequeño triángulo que sólo me cubría el coño y una tira que cubría parte de mi raja. Me subí en la cama y fingí que dormía, pasados varios minutos alrededor de media hora o más, sentí que me tocaban por encima de la faldita, estaba inmóvil; luego sentí que me subían la falda y se sorprendieron al ver un prenda íntima más pequeña donde se podía ver los labios de mi coño que agradó mucho a mis sobrinos, luego me di vuelta y pudieron admirar sin duda mis nalgas, oía murmullos que no entendía pero me daba cuenta lo que sucedía, era por ver algo diferente, que les gustaba más.

Ahora sabía que gustaban de mí, me encantaba porque empecé a mirar con deseo a mis amorosos sobrinos, tenerlos sobre mí.

Los días transcurrían, hacíamos lo mismo, mientras pensaba el paso que iba a dar, y se presentó el día que decidí darme un baño. En el baño me desnudé toda, me di una ducha para que el momento parezca normal, salí del baño con el cabello algo húmedo, cubierto mi cuerpo nada más que la toalla que tenía puesta, hasta la mitad de mis muslos o más arriba, cubriendo parte de mis pechos con un nudo al costado de mis pechos, fingiendo cansancio me recosté así sobre la cama donde ellos también estaban.

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Me dispuse a descansar ante las miradas que se daban mis sobrinos, luego de un rato entreabrí las piernas, mi coño quedó a la vista de ellos, quería mirar pero no debía permitir que supieran que estaba despierta. Sentí tímidamente las puntas de sus dedos por los labios de mi coño, que me calentaron demasiado. Cuando sus manos eran evidentes sobre mi coño, rápidamente sujeté su mano con la mía y abrí mis ojos, sonriéndoles pícaramente les pregunté qué hacían y se quedaron mudos y cambiaron de color. Me quité la toalla, me quedé desnuda frente a ellos, tomé las manos del mayor y con su palma me la froté en el coño, el otro lo invité a que me tocara los pechos a su gusto, luego intercambiamos y pasamos deliciosos momentos que aumentaron mi placer y me masturbé ahí mismo delante de ellos.

En la vez siguiente, de inmediato les propuse darnos un baño, los tres desnudos y bajo el agua. Les permití enjabonar todo mi cuerpo, sin omitir ninguna parte de mi anatomía, era obvio que dedicaban más tiempo a mis nalgas, mi coño y mis pechos, hasta me mojé con sus toqueteos, que el agua de la ducha supo cubrir. Les hice hacerme un sexo oral, con los dos a la vez, yo estaba de pie y al centro del baño, uno de mis sobrinos estaba arrodillado frente a mi coño pudiendo sentir su lengua que rozaba los labios de mi coño, con sus dedos me abrió un poco el coño y metió su lengua recorriéndola de abajo hasta arriba buscando mi clítoris para masajeármela con su lengua y dos de sus dedos me penetraban. Mi otro sobrino, estaba detrás de mí, arrodillado con sus manos abriéndome las nalgas y metiendo su cara entre ellas para meter su lengua en mi ano hasta lo más que pueda. Yo de pie tratando de mantenerme firme sujetando las cabezas de mis sobrinos y ellos dándome lengua por los dos lados hasta venirme del gusto.

Salimos del baño, los tres desnudos y así nos subimos a la cama, yo cogía sus vergas y ellos a mí, los pechos, el culo y el coño. Representé el papel de amante a la perfección, metieron una y otra vez su dedo en mi coño y en mi ano, hacía que me penetren y hagan el amor al mismo tiempo con los dedos de su mano, mejor que hacerlo con los míos. Hice que sus lenguas entraran en mí al mismo tiempo por mi coño y mi culo. Era mejor que masturbarme yo misma.

Después de eso me ponía de costado y trataban de penetrarme a su manera, lo que quería era tenerlos pegados a mí, toqueteándome toda. Luego me eché en la cama con las piernas abiertas, uno a uno se fue subiendo en mí, penetrándome, sujetándolos con mis manos por sus nalgas.

Después de esto, nos divertíamos mucho mis sobrinos y yo varios días por semana, hasta el día de hoy que ya están más maduros, tienen más experiencia y son más maravillosos que antes. Pienso que mi hermano, su padre, sabe algo o se lo imagina, pero en cualquiera de los casos no dice nada, solo nos deja disfrutar y no pone objeciones ni impedimentos para que mis sobrinos pasen la noche o me visiten en casa.

Estoy viendo crecer las vergas de mi sobrino cada semana, ahora ya me bañan de leche los pechos, hasta temo que me dejen embarazada, por eso trato de cuidarme. Mi hermano solo me mira, deja que sus hijos me visiten, me sonríe y sale con su mujer, ante los débiles reclamos de ella por dejarlos conmigo, creo que sin haberlo acordado, mi hermano es mi cómplice.

Con mis sobrinos disfrutamos de lo que más me gusta, un delicioso 69, lo hago con el mayor y el menor no pierde detalle en acariciarme por donde puede, mis nalgas. Intercambiamos roles, tenemos sexo los tres al mismo tiempo, lo que más les gusta es tenerme en medio de los dos y sintiendo sus dos vergas por mi culo y mi coño, quiero que el tiempo se detenga aquí y disfrutar sin límite de tiempo, somos amantes dentro de las paredes de mi habitación.

Disfrutamos mucho de nuestras sesiones en el baño, cuando sus dos lenguas me penetran hasta el fondo de mí. Hemos hecho deliciosos tríos, en la cama, reemplazan sus dedos  y lenguas por sus vergas y me penetran. Yo encima de mi sobrino mayor metiéndome su verga en mi coño y el otro abriéndome el culo con sus manos para meterme se deliciosa verga y disfrutar los tres como siempre, como debe de ser entre las familias que se quieren.